Mi funeral

 Quería un amor, de esos de ensueño, de aquellos que mi padre me leía de los cuentos. Esos que llegaban en carroza con un ramo de flores roja en una mano y un corcel elegante en la otra. Con un traje elegante, reluciente de pies a cabeza pero no más que su sonrisa, mientras que le pide permiso a mi padre para llevarme a una cita. 

Soñé tanto con que éste día llegara. Y así lo fue, no llegó con un corcel, ¿Ramo de flores? No, solo con una. Tampoco un traje reluciente pero si estaba decente, lo bastante para estar pidiendo mi mano a mi padre. Lo bastante para caerle de maravillas a mi madre. Cuántas promesas, cuantos sueños, ilusiones, esperanzas, etcétera. 

Cuántas noches deseando el día de mi boda, esa de cuentos de hadas, por que claro, tal vez él no era un príncipe en la sociedad u a los ojos de mi familia o vecinos, pero para mí sí lo era. 

Y llegó, llegó ese día tan deseado. Todo transcurrió tan rápido como la medianoche de la cenicienta, pero a diferencia de ella, yo no perdí el zapato de cristal, perdí mi libertad sin darme cuenta. 

Una semana tan solo pasó para darme cuenta de lo que aquí sucedía, aunque claro, él siempre me lo demostró, pero yo estaba tan ciega de amor, y aún lo estoy, que no vi las señales. Acostumbrada a una sociedad machista donde el hombre tiene la última palabra, la razón, el poder y mi vida. 

Primero fueron miradas, luego fueron palabras y después los actos. 

Ay esos actos... no eran demostraciones de amor, claro que no, pero yo no decía nada por que estaba ciega, o eso quería que viera, no lo sé. 

Empujones deliberados, apretones leves pero dolorosos, así por días... Hasta hoy, donde me voló la cara cuando la cena no estuvo lista. Ni su ropa planchada para mañana que hay visita, ni la casa reluciente hasta ver tu propio reflejo. No es mi culpa, le dije, es mi cabeza.me duele mucho, tengo migraña, lloraba. Pero a él no le ímportó, nada de eso.importa, dijo. 

Al segundo me acarició la cara y me dijo que lo sentía, que me amaba, que no sabía que había pasado, que él no era así y que era mi culpa. Mi culpa por no ser una buena ama de casa. Mi culpa, mi culpa. 

Por 8 años siempre fue mi culpa. En cada golpiza había un por qué, y había una disculpa. Un perdón, un lo siento, un Te Amo, pero también un «es tu culpa».

Hace una semana decidí separarme, le pedí un tiempo, él, no muy convencido me lo dio. Ayer me pidió hablar, después de tantas insistencia accedí. Lo amaba, lo amo. 

No sé por qué pero me siento en paz, luego de tantos años de maltrato, humillaciones, etcétera, hoy me siento en paz. 

Veo a mis hijos llorando ¿Por qué lloran? , a mi madre y padre destrozados, intento acercarme, «¿Mamá?, ¿Papá?» nadie responde. Veo a mi marido, mi querido y amado marido, noto que mueve sus labios repitiendo algo, me acerco «es tu culpa, es tu culpa, todo esto es tu culpa», desorientada miró hacia donde él mira, y mi alma se desvanece. 

                          Mi funeral

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